Hoy no toca hablar de educación ni de cultura ni de tecnología sino de la sociedad y la creciente deshumanización que impera, y que ya no sorprende prácticamente a nadie. Hace unos días vimos el reportaje de Samanta Villar sobre los bebés reborn que ha dado pie a este artículo.
Los bebés reborn son unos muñecos extremadamente similares en sus facciones al bebé humano pero están hechos de vinilo o de silicona (más caros). El precio oscila entre los 350 y los 3000 euros. Sin contar, por supuesto, todos los complementos de estos bebés que pasean en cochecito y visten ropa de humano.
El rebornismo no es nuevo, se hizo popular en EEUU en los años 90, pero su origen se remonta a la Alemania de la Segunda Guerra Mundial donde, ante la falta de medios, las madres tuvieron que rehacer las muñecas de sus hijas. Parece que esta afición ha ganado adeptos en España a raíz del acceso masivo a Internet donde hay infinidad de tutoriales en Youtube para los artesanos que los fabrican, compra-venta de complementos, blogs, etc. Se ha creado una auténtica comunidad con una identidad muy definida.
En su terminología no se dice “comprar” sino “adoptar” y las personas que se dedican profesionalmente a la creación de estos muñecos son consideradas artistas artesanos por la meticulosa dedicación que exige. Todo está milimetrado y todo pretende ser un calco exacto (piel, peso, etc.). Las características físicas pueden ser por encargo.
La línea entre el juego y la fantasía
En el reportaje, la psicóloga habla de tres patrones conductuales asociados a este fenómeno del rebornismo: coleccionismo, juego y compensación. El problema es cuando el juego se convierte en una realidad fantasiosa; ahí ya podríamos estar hablando de algún tipo de patología.
Personalmente, cuando las “mamás” dicen que les “dan paz y compañía” o que les “inspiran ternura” opino que ya roza el límite de lo patológico pues les aleja de la realidad y los utilizan para suplir la relación afectiva y social con otros seres vivos.
Es cierto que, además de la afición, algunas madres adoptan estos muñecos para aliviar la pena tras un aborto, la pérdida de un hijo, el no poder concebir o por el síndrome del nido vacío.
En el nombre de la deshumanización
No es la primera vez que hablamos de comportamientos “enfermizos” y propios de una sociedad cada vez más deshumanizada. De acuerdo, esto no tiene que ver con la tecnología y quizás no deberíamos mezclarlo, pero sí nos recuerda a los hikikomoris y a la creación de nuevas realidades que producen el aislamiento en Japón (haz click sobre el texto subrayado para leer las noticias). Seguro que pronto escribimos en este espacio sobre los robots humanoides, pero eso es harina de otro costal.
¿Qué opinas sobre los bebés reborn? ¿Ha llegado esta afición a tu país? Según tú, ¿dónde está el límite?
Fuente imagen: http://www.mundiario.com/
Fuente imagen portada: www.dulcesbebesreborn.net
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