La importancia de aprender haciendo (parte 1)

30 junio, 2013 0 Comments Blog 3377 Views
La importancia de aprender haciendo (parte 1)

En una sociedad tan consumista, mediatizada, digitalizada y con cierta tendencia al automatismo como en la que vivimos en los países desarrollados, los niños y adolescentes necesitan o van a necesitar entrar en toma de contacto permanente con la realidad, con el resto de agentes sociales, con el propio entorno urbano, con la manufactura, con la naturaleza. Y es que todavía nos sorprendemos de que los jóvenes no sepan enviar una carta por correo postal, que no sepan que los huevos y la leche no se fabrican – a priori – en los supermercados, que tengan fobia a mancharse o que jueguen menos en los parques con otros niños, y podríamos seguir. Seguro que alguien se preguntará: ¿y para qué?

Es importante que los padres valoren la relevancia de estos estímulos y experiencias sensoriales asociadas al “mundo natural” y a la convivencia por encima de todo. Sino, mal empezamos. Esta percepción dual de la realidad (mundo físico y mundo virtual-digital) permitirá a los jóvenes mantener un cierto equilibrio en sus vidas. Sí, ambas partes son importantes hoy en día. Equilibrio que, como veremos, es fundamental también en los centros educativos.

La importancia de aprender haciendo

Y ahora es cuando vamos a tratar de profundizar un poco en el aspecto educativo (el fondo) sin entrar en la pedagogía (la forma) para hablar del imperioso reclamo por parte de los jóvenes del siglo XXI de incorporar actividades estimulantes y prácticas en su formación y aprendizaje que les saquen de la agónica rutina del día a día en el colegio o instituto. Para empezar, estoy de acuerdo con Roger Schank, en que es difícil llevar a cabo ese aprendizaje natural en el aula donde el profesor impone tanto la teoría como la práctica. El alumno ni se fija metas ni aprende de forma voluntaria.

Roger Schank es uno de los grandes exponentes de la filosofía o teoría del “Learning by Doing” que se traduce como “aprender a través de la práctica” o “aprender haciendo” como ya hemos visto. Se trata, en definitiva, de perfilar los valores asociados al esfuerzo y la implicación, al trabajo en equipo, a la concentración en el desarrollo de tareas más prácticas, al hecho de fijarse metas y buscar la forma de conseguir resultados, a dar autonomía a los alumnos y propiciar la investigación y la curiosidad, la reflexión y la posterior puesta en práctica.

También se comienza a valorar muy positivamente el denominado “aprendizaje por proyectos” (Project-Based Learning, PBL) que, por supuesto, también contiene una serie de ingredientes prácticos. Hablaremos del PBL en otra ocasión.

Integrar diferentes culturas y procedencias en el aula

En algunas ocasiones, el aprendizaje práctico es la única solución para garantizar un estándar mínimo de aprendizaje y combatir la exclusión social. Es el caso de la Escuela Primaria “Manor” de Londres (Reino Unido) cuya directora Kate McGee explica al diario The Guardian cómo hace su centro para integrar a alumnos que hablan 53 idiomas diferentes y que a veces llegan sin hablar dos palabras en inglés. Si quieres saber más, algunas de las respuestas son a través del tema central de este artículo: el aprendizaje práctico basado en actividades como la horticultura, la cocina, la creación y edición de vídeos, etc. de forma que se logre impartir la materia de forma alternativa a la tradicional.

Está probado que los jóvenes (y yo diría que cualquiera) responden mejor cuando se les involucra en una dinámica de carácter práctico. Sólo así se sentirán valorados y se centrarán en actuar para resolver el reto o cometido que se les ha indicado.

Actividades prácticas que enriquecen la experiencia en la escuela

Nótese que no hablamos sólo del aula, la escuela es mucho más que el aula y el aula no es sólo la escuela. Por un lado, es vital que los jóvenes consideren la escuela como un espacio abierto (aunque no lo sea) e interconectado y puedan hacer un uso más allá de los cuatro muros de la clase. Por otro lado, el aula no es sólo la escuela dado que a día de hoy, los jóvenes utilizan tecnologías en todo momento y aunque no lo hicieran es inevitable que incorporen estímulos y sensaciones de la calle a su día a día y es necesario que se sepa lidiar con ello. No sé si me explico.

Una de las prácticas que se está poniendo de moda últimamente es la creación de huertos urbanos ecológicos en las escuelas. Esta práctica, por lo que nos han contado, funciona muy bien en general, pero con más motivo con los alumnos que “fracasan” en sus resultados académicos. Se desarrolla un compromiso muy especial con la sociedad, con sus compañeros y con el medioambiente. Se genera un sentimiento de pertenencia a un grupo que además persigue una finalidad educativa. Es un ejercicio que viene bien tanto física como anímicamente. Así que menos Farmville (un juego de Facebook en el que los internautas cultivan una granja) y más pico y pala. Veamos, a continuación, un ejemplo de cómo funcionan los huertos en un colegio de Plasencia (Extremadura, España):

Antes mencioné el beneficio en el aspecto físico, y es que teniendo en cuenta que la obesidad es uno de los grandes trastornos físicos de los niños del siglo XXI, la práctica del huerto ecológico puede ser tremendamente beneficiosa a la hora de enseñar a los niños a comer, a mantener una dieta sana y equilibrada, a distinguir los propios alimentos y a practicar una cultura de consumo responsable: cosa que sus padres, visto lo visto, no tienen ni idea. Por no mencionar la oportunidad de desarrollar la educación emprendedora y conocer los fundamentos básicos del comercio tales como hacer cálculos, organizarse, distribuir y negociar si deciden optar por vender los productos que cultivan; aunque también se puede fomentar el espíritu solidario donando esos alimentos a la gente más desfavorecida.

¿Y por qué no das visibilidad a este tipo de proyectos e iniciativas que se desarrollan en tu centro? Compártelo en nuestro grupo “tu escuela cuenta”. En la parte 2 de este artículo analizaremos algunas experiencias de aprendizaje práctico en las que se utilicen las TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación).

Gracias por leer.

About author

Lisandro Caravaca

Lisandro estudió Traducción e Interpretación y posteriormente un Máster de Técnico en Community Management y Redes Sociales. Su fuerte vinculación con la formación y la enseñanza desde muy pequeño le han llevado, a sus 23 años, a crear Eduskopia. Su aspiración es trabajar por conseguir un mayor conocimiento y concienciación por parte de la sociedad en cuanto al buen uso de la tecnología. Lisandro es el fundador y Director General de Eduskopia. Además, se encarga de la elaboración y la gestión del contenido y de las publicaciones tanto en la plataforma web como en los perfiles en redes sociales externas.

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